Viernes, 18 Mayo 2012

El Club Allard: La revolución silenciosa
Sábado, 31 de Diciembre de 2011 14:04    PDF Imprimir E-mail
Restaurante

Este restaurante, enmarcado en un edificio del modernismo matritense, acaba de conseguir la segunda estrella Michelín 2012 –la primera es de 2008–. Diego Guerrero, un brillante cocinero alavés, desembarcó en Madrid en 2003. Un año después asumió la dirección del restaurante.

Este joven barbudo –trabajó con Martín Berasategui y Manolo de la Osa, estuvo tres años en Goizeko Kabi de Madrid– apostó por una cocina creativa, de autor, sin perder las referencias vascas, pero con amplitud de miras. “Me pronuncio por una cocina diferente, sentida y divertida”.

Así se expresa este chef que está lejos de las ‘guerras mediáticas’. Afirma que conseguir ‘la segunda’ ha sido un reconocimiento al trabajo llevado a cabo por un gran equipo. “Pero es una gran responsabilidad que nos exige mucho más”. Ha sido el premio a una revolución silenciosa, acometida por Diego en los tres últimos años. Su culinaria ha evolucionado sin dar saltos mortales. Con mucha técnica, con una creatividad transparente, muy personal. Desde su pequeño taller salen las creaciones exclusivas. Una de las últimas ha sido el ‘Huevo Poché’, reproducción exacta del huevo cocido, aunque nada es lo que parece. Hay que probarlo, se sirve al final del menú, para descubrir que la cáscara es chocolate blanco.

Lo mismo ocurre con las croquetas de chocolate –el último ‘petit tour’– que parecen croquetas en miniatura, pero al morderlas se descubre la trufa de chocolate blanco y aceite de oliva rebozadas en pan. No se puede pasar por alto la famosa Pecera (2007): el mar dulce sobre la mesa lleno de ‘mejillones’, ‘corales’, ‘algas verdes’… Dos creaciones estrella: pichón asado al momento en dos cocciones con arroz cremoso de trufa, y el cochinillo confitado con canela, manzana y comino.

EL CLUB ALLARD
C/ Ferraz, 2. Madrid
Tel.: 91 559 09 39
Cierra: sábados mediodía y domingos.
Precio (Tres menús):
Club Allard, 74 euros;
Clásico, 84 euros;
Gastronómico, 99 euros.

El Club Allard –se crea como un club privado en 1998– no tiene en la puerta ninguna referencia como restaurante. En su interior consta de un salón principal para 40 comensales, de techos altos y grandes ventanales que da al Templo de Debod. Tiene dos privados para ocho y 14 personas.

Benito Durán, como maitre, marca la pauta al buen hacer del servicio. Javier Barroso, un sumiller de ‘narices’, mantiene una bodega muy seleccionada. Lara Cirujano es la directora del restaurante.

Por Antonio Ivorra