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Riesgos en el sistema financiero español. El Banco de España no tiene palabras.

Luis Pineda, presidente de Ausbanc.

   

- Opinion - 21/09/2007

Luis Pineda, presidente de Ausbanc

Ningún banco o caja de ahorros tiene en España 8.000 oficinas abiertas al público. Ni muchísimo menos. Esa es la cifra de establecimientos (aproximadamente) no bancarios que, con apariencia exterior de sus fachadas y publicidad de entidades bancarias reguladas y sometidas a supervisión, ofrecen servicios aparentemente idénticos a renombrados, solventes y admirados bancos y cajas de ahorro españoles.

Esas oficinas se dividen en tres grupos. El primero, y muy meritorio, de asesores financieros honestos y leales para con sus clientes que cumplen una importante y necesaria función informativa y de gestión en un mundo como el actual, en que hay muchas ofertas de productos de pasivo y activo verdaderamente complejas, cuando no absolutamente confusas y perjudiciales para los clientes financieros, que cumplen una actividad casi imprescindible. Este grupo son los menos y, muchas veces, las más, no están en locales directos a la vía pública ni ofrecen una imagen exterior de engaño y similitud con bancos y cajas. El segundo grupo son los conocidos e históricos subasteros y usureros que, como buitres, acechan a las economías más débiles y necesitadas, tanto a los particulares como a pequeñas empresas. Ahora, o tienen una tienda expuesta al público o usan a alguien que la tenga y, por medio de ellas, hacen préstamos usurarios, brutales, o les engañan con 'préstamos puente' que no atraviesan ningún río y que luego ejecutan sin piedad 'robando' la vivienda, el local o la nave industrial al pobre incauto. A Credit Services ya le hemos puesto dos demandas por usura en Andalucía. El tercer grupo, que convive en muchas ocasiones con el segundo antes narrado, es el de aquellos que no dan financiación, aunque anuncian que sí, y colocan a los bancos sus operaciones crediticias con escaso rigor y, muchas veces, en perjuicio del cliente. Engrandecen la deuda del prestatario/ deudor para autopagarse sus incontroladas y brutales comisiones, y colocan ese préstamo con argucias y falsedades, en muchos casos, y en sus manuales explican cómo engañar a los 'tontos' bancos y cajas que tiene a unos 'cretinos', según ellos, al frente de las sucursales.

Esos préstamos que colocan en el sistema financiero son, en muchos casos, hipotecas basura que absorbe un lánguido sistema bancario que no ha reaccionado con un producto 'ad hoc' y la agilidad que se les supone a estructuras empresariales tan pesadas y caras que demuestran la falta de justificación de algunos sueldos y bonus.

Pero lo peor es que esos préstamos garantizan los depósitos de los clientes. Si esos créditos están hinchados y, como reza la publicidad, no hace falta garantizar ingresos para su pago, unido a una burbuja inmobiliaria que acredita en más de un 20% el sobreprecio de los inmuebles, nos encontramos con dudas razonables sobre un porcentaje relevante de los activos bancarios. Esto ya no es un chiste. El Banco de España no puede no actuar. Debe hacerlo ya y de forma pública, para devolver la confianza a los depositantes/consumidores. La alternativa es callar, mirar a otro lado y permitir a los bancos que cobren por encima de lo correcto en préstamos y créditos, así como dejar que también cobren comisiones abusivas e ilegales, bajo el pretexto de que ese dinero fresco, extra y sucio garantiza la solvencia y sostenibilidad de nuestro sistema bancario. Sólo relatar esa respuesta –y créanme, se maneja entre algunos dirigentes inescrupulosos e incompetentes–, produce náuseas. Es el camino hacia el abismo de un sistema financiero eficaz, transparente, sostenible y eficiente. Máxime cuando el sistema financiero español lo había conseguido.

Parece que los peores gestores hubieran vuelto, o que los buenos, cansados, quisieran parar la dura carrera hacia el éxito que, hasta hoy, desarrollaban. Ese camino, unido a las prácticas mafiosas de expulsar –denunciando, ocupando, encarcelando y liquidando– a los competidores, 'sobornando' a cargos públicos con beneficios inmediatos o de futuro –buenos empleos para cuando pasen sus fugaces años de dirigentes políticos o esforzados funcionarios– o intentando descalificar y restar oxigeno a organizaciones civiles punteras y honestas como Ausbanc, son un error táctico y una gran equivocación a largo plazo. Si el sistema financiero necesita a carroñeros como las reunificadoras para recolocar sus préstamos dudosos –que ellos equivocadamente concedieron–, si hay que criminalizar liquidar empresas que se dedican a actividades con 24 siglos de existencia honorable como el coleccionismo de sellos monedas, si hay que crear rumores frente a competidores de otros países como ING o deshonrar a exitosas, honorables y eficientes organizaciones civiles como Ausbanc... es que no hay futuro en ese sector en un mundo cada día más global, transparente y competitivo. Y sí lo hay. Frente a esos mezquinos y estúpidos delirios de imbéciles venidos a más, existe otra manera de triunfar en las empresas y en los mercados. Reconociendo la libre e impulsora competencia y atendiendo, de verdad, a los auténticos jueces de la contienda empresarial en los mercados: los consumidores. Gozando de la sana y eficiente crítica que sin rencor realizaremos desde Ausbanc y jugando limpio por un futuro mejor, en donde los buenos, los mejores, triunfen y nos dirijan.

Por eso esta revista debe ser líder, como lo es, en distribución, lectores y anunciantes. Es una garantía de esperanza. Quien aquí se anuncia asume la responsabilidad y el reto de enfrentarse al futuro con honestidad y esfuerzo, y sabe que las críticas que desde aquí reciba, amén de merecidas, serán indicativas de la visión profesional de una organización con pasado, presente y futuro, que quiere lo mejor para todos los que conforman el mercado, en donde no habita el olvido.

Luis Pineda, presidente de Ausbanc.



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