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Menos jugadores, pero más fuertes

  • Escrito por Redacción
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Carlos Egea (Caja Murcia), Braulio Medel (Unicaja), Amado Franco (Ibercaja), Isidro Fainé (La Caixa), José Antonio Olavarrieta (CECA), Rodrigo Rato (Caja Madrid) y Modesto Crespo (CAM). La crisis ha puesto crudamente de manifiesto la necesidad de reformar, sanear y reestructurar el sistema financiero en todo el mundo. También en España, a pesar de haber resistido bastante mejor que los del resto de los países de nuestro entorno. Por ejemplo, y dejando aparte las multimillonarias ayudas públicas a la banca estadounidense, entre las 40 entidades financieras que han solicitado ayudas directas de sus Estados se encuentran 12 alemanas, cinco del Reino Unido, seis del Benelux y cuatro de Irlanda, pero ninguna española, según los datos hechos públicos por la Comisión Europea. La cifra total de ayudas asciende a 3,3 billones de euros, el 28% del PIB de la Unión Europea.


Otro dato que apoya esta situación es el resultado de las pruebas de resistencia, solvencia o estrés (‘stress test’) realizadas a la banca europea, que se hicieron públicos a mediados de julio gracias a la insistencia del Gobierno español. Banco Santander obtiene la mejor nota, sale también muy bien parado el BBVA y todo el sistema financiero español demuestra su solvencia. De hecho, en esta crisis el Banco de España sólo ha tenido que intervenir dos pequeñas cajas de ahorros, Caja Castilla-La Mancha y CajaSur, que entre las dos no superan el 2% del total del sistema.

Las dificultades a las que se tienen que enfrentar los bancos y cajas españoles son de otra naturaleza. Por un lado, su elevada exposición al inmobiliario, fruto de uno de los mayores ‘booms’ residenciales del mundo en la década anterior a la crisis, con el consiguiente aumento de la morosidad y deterioro del valor de los activos. Por otro, las nuevas necesidades de capital. Se está debatiendo una nueva regulación para el sistema financiero internacional –Basilea II– con la que se pretende aumentar la solvencia de las entidades, lo que requiere un aumento de la calidad y cantidad del capital y la liquidez, así como una penalización del endeudamiento.

Estas reformas afectan especialmente a las cajas de ahorro, ya que hasta ahora no tenían accionistas y, por tanto, una mayor dificultad para conseguir recursos propios. También son las más expuestas al mercado inmobiliario. La fórmula por la que se ha optado para conseguir más capital y una mayor solvencia ha sido aumentar el tamaño a través de uniones. Por tanto, son las cajas las que centran, de momento, la reestructuración del sistema financiero español, aunque ya han empezado los movimientos en la banca mediana.

Rodrigo Rato, presidente de Caja Madrid (centro), junto al resto de presidentes de las cajas que forman el SIP que lidera.Esta transformación cogió velocidad de crucero el pasado mes de junio, fecha en la que finalizaba el plazo para que las entidades solicitaran ayudas a través del Fondo de Reorganización Ordenada Bancaria (FROB), un instrumento creado por el Banco de España para ayudar a las entidades financieras a fusionarse.

El fondo estaba dotado inicialmente con 9.000 millones de euros, ampliables hasta 99.000 millones. Hasta ahora el FROB ha destinado unos 11.000 millones para ayudar al sistema financiero, incluyendo la ayuda prevista para la intervenida Cajasur. Los procesos de integración declarados hasta el momento (ver cuadro adjunto), reducirán el número de cajas a una veintena desde las 45 que había al inicio de la crisis y supondrán la supresión del 15% de sus empleados y el 20% de sus sucursales, según cálculos del sector.

Braulio Medel preside la fusión de las andaluzas Unicaja y Caja Jaén.Para que el FROB conceda la ayuda, la fusión debe aumentar el balance al menos un 25% y la cuantía máxima no puede superar el 2% de los activos ponderados por riesgo, es decir, del volumen de créditos que, por su alto riesgo, consume más capital. Además, la ayuda tiene que devolverse con un interés mínimo del 7,75%. A pesar de las dudas expresadas por algunos analistas internacionales, parece que el fondo cumplirá su propósito y será suficiente para elevar al 8% el ‘core capital’ (fondo de solvencia) de máxima calidad de cada una de las cajas de ahorros y reforzar su balance. Sin embargo, algunos analistas apuntan también la necesidad de aumentar el empleo de las nuevas tecnologías, revisar los criterios de riesgo y mejorar la eficacia operativa.

Lo cierto es que no todas las entidades han tenido que recurrir a esta ayuda ni se han decantado por el mismo tipo de unión, aunque todas las integraciones podían solicitar las ayudas del FROB. Algunas han optado por las fusiones tradicionales y otras por el llamado Sistema Institucional de Protección (SIP), también conocido como ‘fusión fría o virtual’.

Fusión tradicional o virtual

Javier Echenique, presidente del Banco Guipuzcoano. Este sistema permite a las entidades conservar su personalidad jurídica, actividad comercial e identidad corporativa en sus territorios de origen, así como sus órganos de gobierno y la gestión de la obra social, pero prevé la creación de una sociedad central para compartir riesgos.

El compromiso de permanencia en los SIP es de al menos 10 años. La unión debe contar con un compromiso de solvencia y liquidez entre las entidades integrantes del sistema, que alcance como mínimo el 40% de los recursos propios computables de cada una de ellas. Además, deben poner en común al menos un 40% de sus resultados y distribuirlos de manera proporcional.

De las integraciones acordadas hasta la fecha, siete se han decantado por pedir ayudas al FROB –cuatro fusiones y tres SIP– y cuatro por no solicitar ayudas –tres fusiones y dos SIP–. Ibercaja, las tres cajas vascas (BBK, Vital y Kutxa), Caixa Ontinyent y Caixa Pollença no tienen, de momento, ningún proyecto de integración.

Banca mediana

 Josep Oliu, presidente de Banco Sabadell.Si hasta el pasado mes de junio los movimientos sobre el tablero financiero español estaban protagonizados sólo por las cajas de ahorro, ahora se ha sumado a la partida la banca mediana. De momento, la primera y única fusión bancaria de esta crisis es la anunciada entre el Sabadell y el Guipuzcoano, aunque el Popular ha llegado a un acuerdo con la entidad gala Crédit Mutuel mientras se suceden los rumores de posibles uniones.

El banco que preside Josep Oliu ya dejó claro hace unos meses que aspiraba a ser “un jugador más importante” en el sector financiero, por lo que tenía la intención de estudiar oportunidades de compra tanto de bancos como de activos de cajas de ahorros. La unión del Sabadell y el Guipuzcoano no necesitará del FROB. El Sabadell lanzará una OPA sobre el 100% del Guipuzcoano, cuyos accionistas percibirán, por cada ocho acciones ordinarias, cinco del Sabadell y cinco obligaciones convertibles necesarias con vencimiento a tres años. El Guipuzcoano mantendrá su personalidad jurídica, una marca diferenciada y dos miembros de su actual consejo de administración pasarán a formar parte del consejo del Sabadell, que ya tuvo una participación del 10,12% en el banco vasco en 2000. La entidad catalana acabó vendiendo ese paquete a BBK.

Banco Popular se alía con Crédit Mutuel para crear un nuevo banco

Ángel Ron, presidente del Popular.El Banco Popular ha seguido una fórmula distinta para capitalizarse y hacer frente a las nuevas exigencias de los mercados: ha firmado una alianza estratégica con Crédit Mutuel-Cic a largo plazo para prestar servicios conjuntos a sus clientes en sus principales mercados (Francia, Alemania, España y Portugal).
La entidad constituida al 50% con el segundo grupo financiero galo de banca minorista contará con unos activos de 2.000 millones de euros y un ratio de capital del 13% y 1.700 millones en recursos de clientes. Tendrá 123 sucursales y 505 empleados procedentes de la red de oficinas de sus absorbidas filiales regionales.
Crédit Mutuel pasará, además, a ser accionista de referencia de Banco Popular, con una participación del 5%.
La entidad francesa se convierte así en el tercer accionista privado de Popular, tras Allianz, que controla el 9,37%, y Américo Amorim, con el 7,06%.
A cambio de su participación en la nueva entidad, Crédit Mutuel invertirá 312 millones de euros, lo que sitúa el valor del banco de nueva creación en 625 millones.
Los recursos propios serán de 258 millones de euros.
Se espera que el nuevo banco comience a operar antes de que concluya el presente ejercicio 2010.
El Banco Popular, tercer banco español por activos, integró sus bancos regionales –Banco de Andalucía, Banco de Castilla, Banco de Crédito Balear, Banco de Galicia y Banco de Vasconia– y cerró diversas sucursales en 2008.
Ese mismo año el grupo español vendió su filial francesa a Crédit Mutuel, con lo que estrecharon una colaboración que habían iniciado en 2005 y han ampliado varias veces hasta llegar a esta alianza estratégica.
Ahora, según aseguran sus responsables, ambas entidades se sienten en disposición de aprovechar el proceso de reestructuración del sector de las cajas de ahorros para crecer.